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martes, 4 de junio de 2024

Nueva Zelanda XVII - Los Alpes del Sur

Hoy toca entrada de paisajes lejanos, en el espacio y en el tiempo, ya que nos vamos a las antípodas españolas, a un país maravilloso al que me gustaría volver sin dudarlo.





Los Alpes del Sur, o Alpes Neozelandeses es el nombre de una cordillera que discurre a lo largo del lado occidental de la isla del Sur. El pico más alto es el monte Cook, con 3.754 metros, que hace referencia al marino que dio nombre a estas montañas, aunque Abel Tasman ya los había registrado con anterioridad.






Los parques nacionales abundan en esta zona, aunque en realidad toda la isla es una preciosidad. Además, al estar tan lejos, lo normal es encontrar por aquí turistas que aman la naturaleza, el silencio y la tranquilidad. Son tantos los senderos, que es fácil huir de las aglomeraciones, si es que algo así existe en esta parte del mundo.






Según la Wikipedia, los Alpes del Sur se sitúan a lo largo de un borde de placas geológicas, que forma parte del Cinturón de fuego del Pacífico, con la Placa del Pacífico al sureste empujando hacia el oeste y colisionando con la Placa indoaustraliana, que se mueve hacia el norte, al noroeste. A pesar de la erosión, las montañas siguen elevándose hoy en día por la presión tectónica, provocando algunos terremotos al tiempo que nos recuerda que nuestro planeta cambia de forma constante.





Nueva Zelanda no es un país muy extenso, pero tantas maravillas naturales hacen que tengas que detenerte a cada minuto. Yo estuve tres semanas y apenas me dio tiempo para circunvalar la isla de Sur. El paisaje es muy variado, aunque no es habitual tener días tan soleados con los de estas fotos.







Hoy nos hemos centrado en el paisaje a ras de tierra, pero os recuerdo que los vimos desde el aire en esta entrada.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Nueva Zelanda XVI - En helicóptero por los glaciares

Me subí por primera vez a un helicóptero en Canadá, para ver las montañas Rocosas, así que esta era la segunda ocasión, aunque para lograrlo hube de hacer varios intentos.


El clima es muy variable en Nueva Zelanda, que es una forma elegante de decir que llueve con frecuencia. Para colmo, en esta parte de la isla del sur, las nubes llegan y se quedan durante bastante tiempo. En las postales se ve una montaña que en mi foto anterior está tapada por esas mismas nubes.




Me dijeron que no había visibilidad para volar, y que volviese un par de horas más tarde, así que me subí al coche y me fui a dar una vuelta. El proceso se repitió varias veces, no recuerdo bien cuántas, pero tampoco me importó demasiado, porque la carretera de acceso al helipuerto estaba llena de curvas y era bien divertido conducir por ella.


Tuve suerte, no solo porque las nubes se apartaron, sino porque al ser el más pequeño del grupo, me tocó sentarme al lado del piloto. En los helicópteros, la distribución de los pesos es esencial y ese asiento es el que tiene mejores vistas. Enseguida tomamos altura, ascendiendo sobre uno de los glaciares.






Las montañas están bien cerca de la costa, son muy altas y las nieves perpetuas le dan un aspecto inmaculado.






No es barato, pero como digo siempre, al cabo de los años, y han pasado más de quince, te quedas con el recuerdo y con las fotos, y te olvidas de lo que costó.




Tratándose de una isla, sorprende la altura y verticalidad de los picos. Más aún cuando hemos dejado las nubes atrás nuestro y podemos disfrutar de un cielo azul espléndido.






El helicóptero se posó y pudimos dar un pequeño paseo, admirando un paisaje que solo está al alcance de los montañeros expertos. Otros dos helicópteros llegaron mientras estábamos allí arriba.




El vuelo de vuelta fue más directo y más corto. Según descendíamos, las nubes volvieron a cubrirlo todo y dudo mucho que volaran más en lo que quedaba de día.





Así pues, tuve suerte al contar con esa ventana, pero también es cierto que me la gané gracias a mi constancia.

jueves, 30 de abril de 2020

Nueva Zelanda XV – Whakarewarewa


Si el nombre os parece complicado, os diré que en realidad está acortado y que el original de esta localidad maorí es Te Whakarewarewatanga O Te Ope Taua A Wahiao. Visitarla es una buena forma de acercarse a esta cultura tan diferente de la nuestra.


Los alrededores de Rotorua están plagados de lagos termales en los que hay más barro que agua, y como podéis ver, amaneció con un cielo completamente cubierto de nubes.


Podemos ver varias construcciones típicas, casas comunales donde nos muestran sus danzas ancestrales, visitar tiendas de artesanía o aprender a cocinar usando el calor procedente del interior de la tierra. Fue aquí donde compré la máscara que hace las veces de avatar en Internet.






Merece la pena conversar con los aborígenes y hacer tours con ellos, que son los que mejor conocen esta tierra tan aislada. Sus leyendas y tradiciones son muy interesantes, y nos dan una idea de la riqueza de esta cultura tan desconocida.






Estamos en una zona geotermal que se encuentra muy cerca de Rotorua, en la isla norte de Nueva Zelanda, en la región de Taupo. Las fuentes termales y los géiseres son comunes y están por todas partes. La diferencia de temperatura hace que una nube permanente envuelva la población, dándole un aspecto irreal.






La tierra se abre y nos muestra su cálido y activo interior, en un espectáculo poco común para los que vivimos en Europa.





Yo iba con poco tiempo y sin haberme estudiado la zona, así que me dejé muchas cosas en el tintero. De todas formas, pude ver buena parte de ellos en mi camino hacia Wai-O-Tapu, otro lugar maravilloso que parece de otro mundo.