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lunes, 22 de junio de 2026

India XXX – Deshnok. Templo de las ratas

La mayor parte del viaje por la India, en noviembre de 2011, la hicimos con chófer y resultó perfecta, pero en los primeros días tuvimos que <<pelear>> un poco hasta que quedó claro cómo nos gusta hacer las cosas. Después, todo fue como la seda.






Nos llevaban desde Nueva Delhi hacia Bikaner, y nosotros insistíamos en hacer una parada en Deshnok, algo que, según nuestro chófer, no estaba en el programa. Una llamada lo aclaró todo, porque yo no estaba dispuesto a pasar de largo y perderme el templo de Karni Mata, conocido popularmente como <<el templo de las ratas>>. Aprovecho para avisar de que en esta entrada hay roedores por doquier.






Se cree que Karni Mata era una reencarnación de la diosa Durga y que las 25.000 ratas que viven en el templo son sus hijos. Situado cerca de la frontera con Pakistán, es un destino turístico muy popular, visitado no solo por foráneos como nosotros, sino también por miles de devotos.







Las ratas son de color oscuro, pero hay algunas, muy pocas; blancas, que son consideradas más sagradas aún. Se supone que ver alguna da suerte, algo que no nos ocurrió a nosotros.






Se alimentan fundamentalmente de grano, verduras y leche, pero también les ofrecen queso, dulces, coco, agua, frutos secos e incluso licores. Los cuidadores del templo se aseguran de mantener alejados a los posibles depredadores.






Recordad que hay que descalzarse para visitar este tipo de templos, de modo que recomiendo a los más aprensivos utilizar unos calcetines que se puedan desechar luego. Nosotros llevamos unas calzas de quirófano que, si bien no eran precisamente discretas, nos permitían tirarlas luego sin tener que deshacernos de la ropa. Otra opción es usar esos calcetines que te dan en algunos vuelos de larga distancia.






Semejante espectáculo choca frontalmente con nuestra cultura occidental. Más si cabe si consideramos que los hindúes comen alimentos previamente mordisqueados por las ratas y consideran un buen augurio que éstas pasen sobre sus pies descalzos. Francamente, después de verlos beber agua del Ganges, pocas cosas me sorprenden ya.






Dejando a un lado a los roedores, el edificio en sí merece mucho la pena. Comenzó a construirse alrededor de 1530, inicialmente con un santuario cubierto con una cúpula, pero se fue extendiendo con añadidos a lo largo de los siglos. Su forma actual se la debemos al maharajá Ganga Singh de Bikaner, que lo completó en el siglo XX. La fachada principal es de mármol, con puertas de plata. Varios paneles nos cuentan las diversas leyendas de la diosa, algo que podéis encontrar en la versión inglesa de la Wikipedia.








Pero lo nuestro fue una parada breve; teníamos que seguir camino hacia Bikaner, apenas a treinta kilómetros de aquí. Y, si las cuentas no me fallan, son ya treinta también las entradas dedicadas a este viaje.

martes, 20 de mayo de 2025

India XXIX – Fatehpur Sikri II

Hace unos días, os había dejado con la arquitectura de esta ciudad, de modo que hoy nos centramos en la tumba de Salim Chishi, que es la que atrae a las multitudes. Si en las otras fotos apenas había gente, era porque todos estaban aquí.






La tumba está revestida de mármol blanco y es de una sola planta, construida alrededor de una cámara cuadrada central en la que se encuentra el santo sufí (1478-1572).






Está rodeada por un pasadizo cuyas paredes de piedra están perforadas, formando diseños geométricos, y en ellos se agolpan peregrinos y demás visitantes en lo que considero una trampa para turistas de primer orden. Siendo tan importante para la cultura local, es un lugar que conviene ver, pero no me encontré tan cómodo como en otros lugares de la India.









Se supone que la grandeza de estos edificios, con su recargada decoración, deberían trasladarnos a la era mogol, con sus tapices de oro, sus cortinas y ricas alfombras, pero había tanta gente que en lugar de disfrutarlo me causó rechazo.






Los peregrinos van a lo suyo, a rendir homenaje al santo sin prestar atención al turista, pero te sientes inmerso en un río de gente que te lleva sin remedio, sin entender del todo lo que pasa.






Fue la falta de agua la que motivó el abandono de la ciudad al tiempo que la corte se trasladaba a Lahore, pero en la actualidad es una localidad de apenas 30.000 habitantes que en cambio recibe masas de gente.








Se recomienda visitar el lugar con calma, preferiblemente al amanecer o al ocaso, cuando la luz del sol incide en las piedras y es más bonita, pero para nosotros fue una parada un tanto apresurada en la mitad del día, durante nuestro camino a Agra.