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jueves, 6 de agosto de 2026

Camboya XVI – Ta Nei

Busco este templo en el libro de Maurice Glaize, referencia de la que suelo sacar la información para estas entradas y encuentro que dice: <<desde Ta Keo, el visitante que tenga tiempo, encontrará la excusa para un placentero paseo a través de la selva por una ruta de 800 metros que atraviesa varios montículos y zanjas hasta encontrar la gopura (entrada) oeste de Ta Nei>>. Pues bien, eso fue exactamente lo que, sin saberlo de antemano, hicimos nosotros.




Ta Nei se encuentra a apenas 200 metros al oeste del baray (embalse) del este, dentro de esa maraña de templos que conforman el área de Angkor. Una locura para cualquier persona normal y una bendición para los que, como yo, queremos ver todo lo que se pueda y un poco más.





El monumento no ha sido rehabilitado, y, sin embargo, se mantiene en un estado de conservación bastante aceptable. Su estilo se corresponde con el de la segunda mitad del siglo XII y tiene solo dos gopuras (entradas), una al este y otra al oeste, fuera de una tercera muralla hoy desaparecida y que aparentan ser algo posteriores.




Están hechas en piedra caliza, parcialmente en ruinas y de forma cruciforme. La construcción es algo burda, con falsas ventanas y devatas (dioses) relacionados con el estilo tardío del Bayon.










Estamos solos, y las fotos van cayendo como fruta madura.











En uno de los frontones se aprecia un Lokesvara (uno de los nombres de Buda como Señor del mundo) sobre una flor de loto y rodeado de apsaras (ninfas acuáticas). A sus pies se arrodillan unas figuras con barrigas prominentes.





Los rayos del sol se filtran entre las ramas de los muchos árboles, creando un mundo de luces y sombras donde el contraste es alto. Ello propicia que usemos la arquitectura a modo de marco.












Sé que me repito mucho, pero disfrutar de un lugar así, en completo silencio y sin prisas, es un placer. Los que dispongan de tiempo e interés deberían visitar estos templos menos conocidos, menos masificados, pero fascinantes.

martes, 22 de abril de 2025

Kenia XI – Órix y avestruz en Buffalo Springs

Era la primera tarde y habíamos salido después de una pequeña siesta interrumpida por unos ruidosos babuinos. El calor era casi insoportable y el paisaje aparecía bastante seco por la escasez de lluvias. Lo primero que encontramos fue un grupo de impalas, un macho con su harén.








Pero íbamos buscando otros animales que no tardaríamos en 
descubrir. Esta manada de órix nos muestra lo bien que – al igual que sucede con los impalas – se camuflan a pesar de tenerlos relativamente cerca.







Se trata del órix beisa (Oryx beisa), una de las cuatro especies que hay de estos antílopes. En Botsuana (ver siguientes fotos) habíamos visto al órix del Cabo (Oryx gazella), aunque solo una vez y desde bastante lejos.





Los primeros los encontramos en Kenia y en el cuerno de África, mientras que los segundos están en el sur del continente. Lo que ya me supera es diferenciar las dos especies de beisa que existen, aunque en función del color y de la disposición de los cuernos, me inclino por el beisa beisa.






A pesar del calor, ellos están en su ambiente natural y la falta de agua no les afecta tanto como a otros antílopes. No obstante, el arcoíris y las nubes negras que van cubriendo el horizonte nos indican que pronto caerán algunas gotas.





En la lejanía descubrimos un avestruz somalí (Struthio 
molybdophanes), el único ejemplar que vería en todo el viaje. Estaba lejos, y además de usar mi 500mm he tenido que recortar mucho la imagen. Y es que también hay varios tipos de avestruz. Uno no termina nunca de aprender.




Considerada una subespecie del avestruz común hasta hace poco, ha sido elevada a la categoría de especie debido a unas diferencias genéticas aparecidas hace unos 4 millones de años, cuando la Gran Falla del Rift creó el Valle, separando unos animales de otros.






Así pues, su distribución geográfica comprende Etiopía, Somalia y Djibouti además de Kenia. Estuvimos buscando más ejemplares los dos días siguientes, pero sin éxito. También se diferencia del avestruz masai en el comportamiento, ya que prefiere las áreas con arbustos en vez de las sabanas abiertas. Su cuello y patas son azulados en vez de rosados.




Las guerras de la región; la recolección de sus huevos y la caza descontrolada en busca de su apreciada carne, unidos a la falta de medios para su conservación ha motivado que el número de ejemplares haya disminuido de forma drástica. En la actualidad, su estado es vulnerable. Vi bastantes más en mi segundo viaje a Kenia, pero eso quedará para una futura entrada.