Busco este templo en el libro de Maurice Glaize, referencia de la que suelo sacar la información para estas entradas y encuentro que dice: <<desde Ta Keo, el visitante que tenga tiempo, encontrará la excusa para un placentero paseo a través de la selva por una ruta de 800 metros que atraviesa varios montículos y zanjas hasta encontrar la gopura (entrada) oeste de Ta Nei>>. Pues bien, eso fue exactamente lo que, sin saberlo de antemano, hicimos nosotros.
Ta Nei se encuentra a apenas 200 metros al oeste del baray (embalse) del este, dentro de esa maraña de templos que conforman el área de Angkor. Una locura para cualquier persona normal y una bendición para los que, como yo, queremos ver todo lo que se pueda y un poco más.
El monumento no ha sido rehabilitado, y, sin embargo, se mantiene en un estado de conservación bastante aceptable. Su estilo se corresponde con el de la segunda mitad del siglo XII y tiene solo dos gopuras (entradas), una al este y otra al oeste, fuera de una tercera muralla hoy desaparecida y que aparentan ser algo posteriores.
Están hechas en piedra caliza, parcialmente en ruinas y de forma cruciforme. La construcción es algo burda, con falsas ventanas y devatas (dioses) relacionados con el estilo tardío del Bayon.
Estamos solos, y las fotos van cayendo como fruta madura.
En uno de los frontones se aprecia un Lokesvara (uno de los nombres de Buda como Señor del mundo) sobre una flor de loto y rodeado de apsaras (ninfas acuáticas). A sus pies se arrodillan unas figuras con barrigas prominentes.
Los rayos del sol se filtran entre las ramas de los muchos árboles, creando un mundo de luces y sombras donde el contraste es alto. Ello propicia que usemos la arquitectura a modo de marco.
Sé que me repito mucho, pero disfrutar de un lugar así, en completo silencio y sin prisas, es un placer. Los que dispongan de tiempo e interés deberían visitar estos templos menos conocidos, menos masificados, pero fascinantes.
































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