domingo, 19 de abril de 2026

Australia XIX - Koalas y Cape Otway

Esta es la entrada 400 del blog y pensé en hacer algo especial pero no se me ocurre nada mejor que traer animales de ese país que tanto me fascina desde niño. Podría haber sido cualquier otro, porque la Tierra está plagada de sitios fantásticos, y aunque me ha quedado muy larga, he preferido dejarla como está.

Acabábamos de visitar el Maits Rainforest y todavía estábamos sorprendidos por el tamaño de los árboles y los helechos en esta parte del mundo, tan alejada de nuestra vieja Europa. De hecho, la carretera, por lo demás vacía, continuaba flanqueada por arboles altísimos mientras nos dirigíamos hacia el Cabo Otway.







Para los despistados, estamos en el sur de Australia, muy cerca del estrecho de Bass, en noviembre de 2017, y hoy toca ver koalas. Tendemos a pensar que estos animales, al igual que los canguros están por todas partes, pero lo cierto es que abundan más en unas zonas que otras.






Estamos de suerte, ya que por aquí son fáciles de encontrar. Varios coches aparcados en un arcén inexistente nos indican dónde detenernos.






Son varios los koalas (Phascolarctos cinereus) que encontramos dormitando en las ramas de los árboles. Están muy quietos, y podemos fotografiarlos a placer. Miden entre 60 y 85 cm, y pesan entre 4 y 15 Kg, lo que los convierte en uno de los mayores marsupiales arborícolas.





Algunos están más lejos y hay que buscarlos con cuidado entre las ramas.




Les encantan los eucaliptos, aunque en ocasiones se los ve en otro tipo de árboles, y llevan una vida muy sedentaria. Su dieta, basada en apenas una treintena de las más de seiscientas especies de eucaliptos, es muy pobre en nutrientes, así que pasan unas veinte horas dormitando al día.





Como en los demás marsupiales, sus crías nacen sin estar desarrolladas por completo y de inmediato se suben al marsupio de sus madres, donde permanecen durante sus primeros seis o siete meses de vida; los jóvenes se destetan por completo cuando tienen un año de edad (Wikipedia tiene un artículo excelente).




Cazado por los colonos en el pasado por su piel es ahora uno de los símbolos de Australia, y su mayor amenaza ha pasado a ser la destrucción de su hábitat. Los aborígenes lo llaman de muchas formas diferentes, algunas de la cuales significan <<no bebe>>. El agua les llega fundamentalmente gracias a las hojas que comen, por lo que, efectivamente, apenas tienen que beber.




Durante el Mioceno, el continente australiano comenzó a secarse, provocando el declive de las selvas, que fueron sustituidas por los bosques de eucaliptos, motivando la alta especialización de este tipo de animales.




Existen tres subespecies que se diferencian por el color de su pelaje, su tamaño y por la forma del cráneo. El de Vitoria, que es el que aparece en las fotos, es el de mayor tamaño.




El cabo, que toma su nombre del capitán William Albany Otway, se encuentra muy al sur de la Australia continental, en lo que hoy es un Parque Nacional. Allí encontramos un faro que fue construido en 1846, con piedra extraída en el río Parker (Wikipedia). En su momento era el segundo en estar operativo, mientras que hoy ostenta el honor de ser el más antiguo.




Una estación de telégrafo fue añadida cuando Tasmania quedó conectada con el continente por una línea telegráfica submarina desde el cabo Otway a Launceston en 1859.





Se puede subir a lo alto del faro, pero había tanta niebla en la costa que apenas pudimos ver nada.






Ocho barcos naufragaron en la costa del cabo Otway: el Marie (1851), Sacramento (1853), Schomberg (1856), Loch Ard (1878), Joseph H. Scammell (mayo 1891), Fiji (septiembre 1891) y el Casino en 1932. El primer barco estadounidense hundido durante la Segunda Guerra Mundial, el SS City of Rayville, cayó víctima de una mina alemana. Después de esto, los estadounidenses construyeron un búnker de radar en el cabo en 1942, que ahora está abierto al público.





Aprovechamos para comer algo rápido en un café muy agradable junto al que se exponen algunas pinturas sobre barcos, antes de retomar nuestro camino por la Great Ocean Road.





Regresamos a la carretera principal desandando el camino, así que volvimos a encontrar a los koalas. Mi amiga me preguntó si nos parábamos, pero le dije que no; habría supuesto una hora y unas trescientas fotos más. Mejor ver otras cosas.

domingo, 5 de abril de 2026

La tumba de Tutankamón II

En la entrada anterior nos habíamos quedado a las puertas de la cámara funeraria, una estancia que tiene pinturas y donde encontramos uno de los sarcófagos de Tutankamón porque el resto está en el Gran Museo Egipcio de El Cairo. Cuatro diosas protegen al rey con sus brazos extendidos en las esquinas, aunque solo podamos ver una y parte de otra. Se trata de Isis, Neith, Neftis y Selkis.




Es una tumba muy pequeña, de unos 100 m2 cuya disposición acodada tampoco se corresponde con la de un rey de la XVIII dinastía. Es seguro que estaba destinada a otra persona y que fue usurpada por Tutankamón al fallecer de forma tan repentina siendo aún muy joven (c. 1342-c. 1325 a. C.) a los 19 años. Su reinado fue corto, pero intenso. Seguramente la actual tumba de Ay, sucesor de Tutankamón era la que en realidad estaba prevista para el joven faraón. El templo funerario está cerca de Medinat Habu, aún por excavar.

Se piensa que una fuerte tormenta pudo disimular la entrada de la tumba y que por eso consiguió permanecer prácticamente intacta, aunque los principales motivos apuntan a que quedó disimulada por unas cabañas de trabajadores ramésidas construidas sobre ella, algo que también confundió a los arqueólogos modernos.





En la cámara funeraria se encontraron cuatro grandes capillas de madera dorada que protegían un sarcófago de cuarcita rosa y tres ataúdes, dos de madera policromada con incrustaciones y otro de oro macizo. La capilla exterior ocupaba casi toda la superficie de la cámara funeraria.





No obstante, la pieza más famosa es la máscara funeraria de oro y lapislázuli., que como el resto de objetos, se encuentra en El Cairo. Por desgracia, no dejan hacer fotos en esta parte del Museo Antiguo y cuando fuimos nosotros todavía no se había inaugurado el Gran Museo Egipcio. Según ellos por culpa de la guerra, según mi opinión, porque no lo habían terminado.




Foto: Por Roland Unger - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=48168958

No se sabe la causa del fallecimiento. Si bien se especuló durante un tiempo con un posible asesinato al descubrir pequeños huesos dentro de su cráneo, recientes escáneres nos hacen descartar esta opción. Los investigadores se decantan por una infección causada por una fractura en la pierna izquierda complicada con malaria. También parece que se han exagerado sus posibles deformaciones y enfermedades. El pobre estado del cuerpo, fruto de una momificación precipitada en la que no se cumplieron los plazos, y agravada por los daños sufridos al retirar la máscara funeraria, no ayuda a que nos hagamos una idea cierta, pero es evidente que la consanguinidad nunca ayuda desde un punto de vista genético. Actualmente, la momia se encuentra dentro de la tumba, pero fuera del sarcófago, en una urna que la protege de la humedad. Parece que las pinturas de la cámara funeraria también fueron hechas de forma apresurada.





Las escenas hay que leerlas de derecha a izquierda. De esta forma, en la pared de nuestra derecha (este) vemos un grupo de nobles que arrastran un trineo con forma de barca sobre el que yace la momia real.




En la pared norte vemos a Tutankamón junto al que sería su sucesor, que de momento aparece con la piel de leopardo típica de los sacerdotes funerarios. Se trata de Ay, que está ejecutando el ritual de abrir la boca con una azuela.





En el centro de la pared norte encontramos a Nut, diosa del firmamento dando la bienvenida a Tutankamón, mientras que las tres figuras de la izquierda representan a Osiris, que en realidad es el propio faraón reencarnado en el dios tras la muerte (de ahí las vendas) abrazado por Tutankamón a quien acompaña su ka.






En la pared de la izquierda (oeste) encontramos doce babuinos que representan las doce horas de la noche en las que el faraón debía viajar en la otra vida, afrentando diferentes dificultades. Los egipcios creían que estos animales podían guiar a las almas en el más allá. Sobre ellos vemos una barca solar, vinculada al ciclo diario del dios Ra.





El aspecto actual de las pinturas, que estaban cubiertas de hongos en el momento de ser descubiertas, se lo debemos a una restauración llevada a cabo por el Getty Conservation Institute, en colaboración con las autoridades egipcias. En cuanto a la pared sur, como el acceso a la cámara está vedado, nos lo perdimos, pero podéis encontrar información aquí.

Igualmente, inaccesible es la sala del tesoro, donde se encontraron entre otros objetos los vasos canopos con las vísceras del faraón. Como digo, todo está ahora expuesto en el Gran Museo Egipcio excepto el sarcófago rosa y la momia, de la cual no añado foto porque la podéis ver en Wikipedia.

Hay quien afirma que detrás de las paredes de la tumba hay estancias todavía por descubrir, y se han hecho tres sondeos con tres radares diferentes. Uno de ellos dio positivo, otro fue negativo y el tercero resultó incompleto por interferencias debidas al sistema de centrifugado de aire. Lo que es evidente es que todavía quedan más tumbas por descubrir y que el futuro nos traerá más sorpresas.

domingo, 22 de marzo de 2026

La tumba de Tutankamón I

Ha pasado algo más de un siglo desde que Howard Carter, un inglés algo enfermizo, llegase a Egipto de la mano de su padre en 1890 como dibujante en las excavaciones y desde que, especialmente, descubriera la tumba más famosa, la KV62 en el valle de los Reyes. Este libro, que he leído por segunda vez, nos lo cuenta con todo detalle y es muy recomendable a pesar de que en esta nueva edición, con mejor papel y tipografía, se hayan dejado multitud de acentos en el tintero.




Hubo un tiempo en el que Tutankamón llamó más la atención del público en general que de los eruditos, y es sorprendente la poca información que había (y hay) sobre este faraón. Su propia tumba ha aportado poco hasta la fecha a pesar de contener más de 5.500 objetos que Carter inventarió con su minuciosidad habitual. Documentales y libros se basan más en la historia del descubrimiento que en el contenido de la propia tumba. Son muchas las incógnitas, las teorías y las contradicciones, pero poco a poco se va haciendo la luz.

Otro personaje muy importante relacionado con esta historia, que fallecería muy poco después del hallazgo y cuyo castillo, Highclere Castle, aparece en la serie televisiva Downton Abbey, fue lord Carnarvon (1866-1923) mecenas de Carter. Carnarvon llegó a Egipto a instancias de su médico tras un accidente de coche en Alemania, en busca de un clima menos húmedo que el británico donde pasar los inviernos.

Theodore Davis era el dueño de las licencias de excavación en el valle de los Reyes, pero tras realizar varios descubrimientos, pensó en 1913 que el valle estaba agotado. Tremendo error, como se demostraría años más tarde. La Primera Guerra Mundial retrasaría las excavaciones y durante muchos años no hubo grandes resultados. Después de seis temporadas infructuosas, lord Carnarvon, que se había hecho con los derechos, decide dejar de financiar a Carter. No obstante, éste le ruega que sigan durante una temporada más, y es así como el 4 de noviembre de 1922 se descubre un escalón, un corte en la roca, que terminaría llevando a la famosa tumba. La leyenda habla de un niño aguador, y así te lo cuentan en Egipto, pero según varios documentales que he visionado esa historia no es del todo cierta. En el libro, Carter tampoco lo aclara, y sólo sabemos que no fue el británico puesto que le informaron del hallazgo. Parece que los verdaderos descubridores de ese escalón fueron el padre y un tío del niño, que seguían las instrucciones de Carter.





Al descender por los dieciséis escalones se alcanza una primera puerta que, si bien tenía los sellos intactos, mostraba indicios de haber sido restaurada. La tumba, pues, no estaba completamente intacta, aunque lo cierto es que los ladrones tan solo pudieron llevarse una cantidad ínfima de pequeños objetos.




Carter envía un telegrama a lord Carnarvon, que está en Inglaterra y espera durante tres largas semanas la llegada de éste junto a su hija, Evelyn Beauchamp. El explorador se pregunta si está frente a una tumba prácticamente intacta o si será una de tantas que quedaron inacabadas y estaban vacías.






Una vez están los tres, descubren un corredor colmatado de arena, grava y objetos de diversas procedencias que les hacen preguntarse si se trata de uno de esos almacenes en los que los sacerdotes guardaban las momias tras el pillaje. Hay constancia de que la tumba fue saqueada al menos en dos ocasiones, muy probablemente poco después de la muerte del faraón. Los guardianes sellaron de nuevo las puertas y recolocaron de forma desordenada multitud de objetos porque quizás pillaron con las manos en la masa a los ladrones. Un pañuelo con joyas quedó abandonado en el suelo.

En cualquier caso, se abren paso hasta encontrar una segunda puerta también sellada. Es entonces cuando Howard Carter hace un pequeño agujero en la esquina superior izquierda, introduce una lámpara y se maravilla ante el fulgor dorado de una miríada de objetos. Todavía no está claro si han descubierto una tumba, pero siguen avanzando. Una tercera puerta, situada entre dos estatuas gigantes promete más emociones, pero primero hay que fotografiar los objetos de la antecámara, retirarlos uno a uno con extremo cuidado y analizarlos, lo que llevará años de trabajo. De hecho, no abren el primer ataúd hasta octubre de 2025, después de que lord Carnarvon hubiese fallecido.





Descubren, sin embargo, un hueco que los vigilantes no llegaron a cerrar bajo una de las camas. Tras él se encuentra otra cámara, el anexo, que está repleta de más objetos desordenados.




En la actualidad, la tumba está sujeta a comprar una entrada especial, permitiéndose el acceso a grupos reducidos a la vez con el objetivo de preservarla. El anexo solo puede atisbarse desde la antecámara y está vacío, mientras que tampoco hay acceso a la sala del tesoro. La cámara funeraria, que es muy pequeña solo puede verse desde una barandilla junto a la cual está la momia de Tutankamón. Se permite entrar a muy pocas personas a la vez y es muy probable que terminen por cerrarla del todo ya que en 2014 construyeron una réplica exacta situada junto a la antigua casa de Howard Carter, a la entrada del Valle. La empresa responsable de este proyecto, Factum Arte, es madrileña.

Ya antes de empezar con esta entrada era consciente de su dificultad, por lo que seguiremos otro día con la tumba propiamente dicha.

Vídeos que me han gustado (hay muchos más, como uno de Esther Pons Mellado y otro de Mari Luz Mangado que no encuentro):

Crónica de una leyenda. Tutankamón y su tiempo – Antonio Pérez Largacha

Carter y Carnarvon. Un destino, un sueño, el despertar del joven faraón – Isabel Olbés

La tumba de Tutankhamón. El lugar del renacimiento del rey – Maite Mascort

La tumba KV 62 del Valle de los Reyes. Tutankamón – Nacho Ares

Pirámides de Egipto, Necrópolis Reales de Tebas y Tumba de Tutankamon, por Eva Tobalina