jueves, 6 de agosto de 2026

Camboya XVI – Ta Nei

Busco este templo en el libro de Maurice Glaize, referencia de la que suelo sacar la información para estas entradas y encuentro que dice: <<desde Ta Keo, el visitante que tenga tiempo, encontrará la excusa para un placentero paseo a través de la selva por una ruta de 800 metros que atraviesa varios montículos y zanjas hasta encontrar la gopura (entrada) oeste de Ta Nei>>. Pues bien, eso fue exactamente lo que, sin saberlo de antemano, hicimos nosotros.




Ta Nei se encuentra a apenas 200 metros al oeste del baray (embalse) del este, dentro de esa maraña de templos que conforman el área de Angkor. Una locura para cualquier persona normal y una bendición para los que, como yo, queremos ver todo lo que se pueda y un poco más.





El monumento no ha sido rehabilitado, y, sin embargo, se mantiene en un estado de conservación bastante aceptable. Su estilo se corresponde con el de la segunda mitad del siglo XII y tiene solo dos gopuras (entradas), una al este y otra al oeste, fuera de una tercera muralla hoy desaparecida y que aparentan ser algo posteriores.




Están hechas en piedra caliza, parcialmente en ruinas y de forma cruciforme. La construcción es algo burda, con falsas ventanas y devatas (dioses) relacionados con el estilo tardío del Bayon.










Estamos solos, y las fotos van cayendo como fruta madura.











En uno de los frontones se aprecia un Lokesvara (uno de los nombres de Buda como Señor del mundo) sobre una flor de loto y rodeado de apsaras (ninfas acuáticas). A sus pies se arrodillan unas figuras con barrigas prominentes.





Los rayos del sol se filtran entre las ramas de los muchos árboles, creando un mundo de luces y sombras donde el contraste es alto. Ello propicia que usemos la arquitectura a modo de marco.












Sé que me repito mucho, pero disfrutar de un lugar así, en completo silencio y sin prisas, es un placer. Los que dispongan de tiempo e interés deberían visitar estos templos menos conocidos, menos masificados, pero fascinantes.

jueves, 23 de julio de 2026

Chile XXV - Ana Kai Tangata

Nada más aterrizar en la Isla de Pascua nos trasladamos a nuestro alojamiento para dejar el equipaje y enseguida hicimos la primera excursión, que nos llevó, entre otros lugares, a esta cueva creada por la erosión del mar.






Se encuentra muy cerca del aeropuerto de Mataveri, y es accesible gracias a una escalera de peldaños irregulares. Aunque se abre directamente al mar, el agua no entra a una cavidad situada por encima de la línea de marea. Sus dimensiones son 10 metros de alto, por 5 de ancho y 15 de profundidad.






La traducción del nombre de la cueva es confusa, pudiendo indicar que es un sitio donde los hombres comían o que allí se practicaba el canibalismo. Lo que está claro es que es uno de los escasos puntos de la isla donde la orilla es accesible para las canoas de los indígenas.






En el interior encontramos pinturas en el techo, originalmente en rojo, blanco y negro que están ahora muy deterioradas. Representan, en su mayoría, el Manutara, el gaviotín apizarrado que protagonizaba el rito sagrado del Tangata Manu. También aparecen canoas polinesias y barcos europeos. Del techo se desprenden lascas de piedra, por lo que hay que tener cuidado.






Los pigmentos provenían de aceites vegetales y minerales que se mezclaban con aceite de tiburón.






Esta página web me resulta siempre muy útil cuando busco información sobre la Isla de Pascua.







Un sendero asciende desde allí hasta el cercano volcán Rano Kau, pero nosotros íbamos motorizados. Esta entrada complementa a esta otra que podéis ver aquí.