jueves, 23 de julio de 2026

Chile XXV - Ana Kai Tangata

Nada más aterrizar en la Isla de Pascua nos trasladamos a nuestro alojamiento para dejar el equipaje y enseguida hicimos la primera excursión, que nos llevó, entre otros lugares, a esta cueva creada por la erosión del mar.






Se encuentra muy cerca del aeropuerto de Mataveri, y es accesible gracias a una escalera de peldaños irregulares. Aunque se abre directamente al mar, el agua no entra a una cavidad situada por encima de la línea de marea. Sus dimensiones son 10 metros de alto, por 5 de ancho y 15 de profundidad.






La traducción del nombre de la cueva es confusa, pudiendo indicar que es un sitio donde los hombres comían o que allí se practicaba el canibalismo. Lo que está claro es que es uno de los escasos puntos de la isla donde la orilla es accesible para las canoas de los indígenas.






En el interior encontramos pinturas en el techo, originalmente en rojo, blanco y negro que están ahora muy deterioradas. Representan, en su mayoría, el Manutara, el gaviotín apizarrado que protagonizaba el rito sagrado del Tangata Manu. También aparecen canoas polinesias y barcos europeos. Del techo se desprenden lascas de piedra, por lo que hay que tener cuidado.






Los pigmentos provenían de aceites vegetales y minerales que se mezclaban con aceite de tiburón.






Esta página web me resulta siempre muy útil cuando busco información sobre la Isla de Pascua.







Un sendero asciende desde allí hasta el cercano volcán Rano Kau, pero nosotros íbamos motorizados. Esta entrada complementa a esta otra que podéis ver aquí.

martes, 7 de julio de 2026

Islandia XVI – Mirador de Dyrholaey y Reynisfjara

Veníamos de ver las cascadas de Seljalandsfoss y Skogafoss cuando, sin tiempo para asimilar tanta belleza, nos encaminamos hacia el mirador de Dyrholaey. El sol aparece y desaparece, parcheando los inmensos campos de flores.







El paisaje, en una tarde soleada como ésta, es espectacular e invita a hacer fotos desde el coche, porque no podemos parar cada minuto.





En la cima encontramos un faro además de impresionantes vistas de las playas sin fin que hay en el sur de la isla.








Al este vemos una roca erosionada por el mar, un arco precioso iluminado por el sol de la tarde, y al oeste, la negra playa de Reynisdrangar, mientras que el glaciar Mýrdalsjökull tampoco anda muy lejos. Dyrhólaey, antes isla y ahora península, se eleva unos 120 metros.




Habíamos leído que este era un buen sitio para ver frailecillos, pero lo único que encontramos en los acantilados fueron algunas gaviotas que más que volar eran zarandeadas por un viento fortísimo que amenazaba con derribarnos.






Pregunté a los que ascendían por el sendero y me contestaron que no habían visto ninguno, de modo que, sin perder mucho tiempo, volvimos a subirnos al coche, porque, para variar, íbamos fatal de tiempo. Como sospechaba, los frailecillos están en la playa que hay al pie del promontorio. Miré el reloj, consulté los kilómetros que nos faltaban por recorrer y las cosas que deseábamos ver, y con todo el dolor de mi corazón pusimos rumbo a Reynisfjara.






Esa falta de tiempo es una constante en los turistas con alma de viajero. La realidad te golpea y te impide disfrutar de los lugares como quieres, pero al menos he aprendido a gozar de lo que tengo en vez de llorar por aquello de lo que prescindo.






La playa de Reynisfjara, con sus arenas negras y sus fotogénicas columnas de basalto, se encuentra cerca de la pequeña población de Vik. Uno no viene aquí a bañarse en las gélidas aguas; de hecho, hay carteles por todas partes que advierten del peligro de corrientes y olas inmensas que pueden aparecer de la nada en un instante. Porque este rincón idílico puede convertirse en un escenario de pesadilla. La situación de Islandia hace que no haya ninguna masa de tierra entre la isla volcánica y la Antártida, de modo que las olas tienen toda la longitud del océano Atlántico para crecer y coger fuerza.






Como decía, aquí hay que extasiarse con el espectáculo de unas columnas creadas por una naturaleza caprichosa y paciente. Su forma es el resultado de erupciones bajo el mar en las que la lava se enfría rápidamente.






Las rocas que vemos a lo lejos son las Reynisdrangar, unos trolls que intentaban atraer a los barcos hasta la orilla según la tradición islandesa. Pero fueron sorprendidos por la luz del amanecer y convertidos en piedra. Aquellos que hayan visto la temporada siete de Juego de Tronos puede que las recuerden, pero no es mi caso.







En julio, los días no terminan nunca en Islandia, pero a nosotros todavía nos faltaban algunos kilómetros para llegar a nuestro hotel, en Kirkjubaejarklaustur.

Actualización: La playa de Reynisfjara, lamentablente, se ha visto alterada en febrero de 2026 debido a fuertes tormentas y mareas que se han llevado gran parte de la arena, descubriendo zonas antes ocultas, dificultando el acceso y erosionando el entorno. Es un recordatorio de que la Naturaleza no es estática, sino que cambia continuamente. Como cada vez es más difícil encontrar información fiable en Internet, recomiendo informarse antes de visitarla. En esta página encontré algo de esa información que nos ocultan los que manejan las redes.