Uno de los atractivos de visitar la capital austriaca es acercarse al Prater, un parque de atracciones rodeado de zonas verdes. Aunque el día no acompañe demasiado, los recuerdos me empujan a recorrer esta parte de la ciudad.
Los cinéfilos saben el motivo: subir a la famosa noria que aparece en la película de Carol Reed, El tercer hombre (The Third Man, 1949) y sentirse como ese mediocre escritor de novelas del Oeste imaginado por Graham Greene, que intenta desentrañar lo ocurrido con su amigo Harry Lime, víctima de un accidente. No voy a hacer spoilers, pero la cinta tiene uno de mis finales favoritos y no me canso de verla. Un final distinto al que inicialmente imaginó el escritor. Dura 62 segundos, apenas un minuto, pero se hace eterno y se volvió inmortal.
Cuando la policía acude al apartamento de Anna Schmidt, la amante de Lime, brillantemente interpretada por Alida Valli, se produce el siguiente diálogo:
- ¿A dónde me llevan?
- A la jefatura de la policía internacional. No se preocupe, señorita, es solo un mero formalismo
- Ni siquiera sé qué significa formalismo
- Eso no lo sabe nadie
En otro momento se menciona que <<hoy en día nadie habla en términos de seres humanos>> La frase no puede ser más actual.
Los bomberos mojaban las calles para que las escenas nocturnas se llenasen de reflejos, y los ángulos holandeses, tan criticados en su tiempo, no auguran nada nuevo en esa Viena arruinada tras la guerra, llena de una melancolía intensificada por la cítara de Anton Karas. A pesar del tiempo transcurrido reconozco monumentos, calles y rincones. La noria, mucho más aislada entonces, sigue girando hoy día y se ha convertido en un reclamo turístico.
Conocida como la Wiener Riesenrad, también aparece en otras dos películas: 007 Alta tensión (The Living Daylights, 1987) y en Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995). Fue construida en 1897 para celebrar el quincuagésimo aniversario del reinado de Francisco José de Austria y el diseño corrió a cargo de los ingleses Walter Bassett y Harry Hitchins, lo que explica que su altura sea de 61 metros, 200 pies exactos. (Wikipedia).
Originalmente, contaba con 30 góndolas rectangulares, pero debido a los daños ocasionados durante la Segunda Guerra Mundial, sólo sobrevivió el esqueleto de metal. Cuando se reconstruyó en 1947, únicamente se recolocaron 15 de estas cabinas siendo todas ellas de números pares.
Se mueve despacio, y tarda un cuarto de hora en dar la vuelta completa. Desde allí arriba hay bonitas vistas del parque, de las otras atracciones y del resto de Viena. En la cinta se menciona el valor de cada uno de los puntitos que se mueven allá abajo, 20.000 dólares de la postguerra. Es entonces cuando se produce el error histórico de insinuar que los suizos inventaron el reloj de cuco cuando en realidad fueron los alemanes de la Selva Negra.
La película nos muestra, a mi entender, un equivocado concepto del amor y la amistad; aunque si bien el primero no puede tomarse y soltarse a voluntad, la segunda depende más de nuestra disposición.
Curiosamente, las escenas rodadas dentro de la góndola en cuestión se hicieron en un estudio en Londres, y no en Viena. La del gato, en cambio, que no estaba planificada, sucedió por azar y funciona de maravilla. Afortunadamente, Carol Reed siguió grabando. El asunto de la penicilina adulterada está, no obstante, basado en hechos reales. En este vídeo, en inglés y con varios spoilers, se cuentan estas y muchas otras anécdotas: #LoveFilmNoir.



























