domingo, 8 de marzo de 2026

Nördlingen

Nos remontamos a la Semana Santa de 2023, cuando aún vivía en Suiza y las excursiones por Centroeuropa eran frecuentes. Esta vez tocó la Ruta Romántica, que atraviesa unos pueblos alemanes preciosos.






Nördlingen es una localidad en Suabia, en el oeste de Baviera que se caracteriza por asentarse sobre un cráter de impacto formado por la caída de un meteorito hace 15 millones de años. Por desgracia, la mejor forma de apreciar sus 25 kilómetros de diámetro es desde el cielo, pero confío en que esta foto, copiada de esta página, os dé una idea, porque desde tierra el emplazamiento es de lo más normal. (foto: Geyer Luftbild).




Esta ciudad, de unos 20.000 habitantes, fue escenario de dos batallas durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Aquí lucharon nuestros tercios en 1634, deteniendo el avance hasta entonces imparable de los suecos. Su historia es fascinante, pero no quiero extenderme más de lo que ya hago y la podéis encontrar en la página antes mencionada.









Es una de las tres ciudades alemanas que todavía conservan intactas sus murallas. Las otras dos son Rothenburg ob der Tauber y Dinkelsbühl, pero es aquí donde podemos recorrerla en su totalidad. Cuenta con cinco puertas y once torres bien conservadas.









La torre de la iglesia de San Jorge, que es de estilo gótico, mide 90 metros de alto, y el ayuntamiento, que también es un edificio notable, se remonta al siglo XIII.







Hay un museo sobre meteoritos, pero nosotros viajábamos con niños pequeños, a otro ritmo, y tuvimos que sacrificar muchas cosas, conformándonos con dar una vuelta por las murallas y ver algunas de las torres, pero es un lugar con mucho encanto.







Otras fuentes: Wikipedia, Fotografiando viajes.

domingo, 22 de febrero de 2026

La noria de Viena

Uno de los atractivos de visitar la capital austriaca es acercarse al Prater, un parque de atracciones rodeado de zonas verdes. Aunque el día no acompañe demasiado, los recuerdos me empujan a recorrer esta parte de la ciudad.




Los cinéfilos saben el motivo: subir a la famosa noria que aparece en la película de Carol Reed, El tercer hombre (The Third Man, 1949) y sentirse como ese mediocre escritor de novelas del Oeste imaginado por Graham Greene, que intenta desentrañar lo ocurrido con su amigo Harry Lime, víctima de un accidente. No voy a hacer spoilers, pero la cinta tiene uno de mis finales favoritos y no me canso de verla. Un final distinto al que inicialmente imaginó el escritor. Dura 62 segundos, apenas un minuto, pero se hace eterno y se volvió inmortal.






Cuando la policía acude al apartamento de Anna Schmidt, la amante de Lime, brillantemente interpretada por Alida Valli, se produce el siguiente diálogo:
- ¿A dónde me llevan?
- A la jefatura de la policía internacional. No se preocupe, señorita, es solo un mero formalismo
- Ni siquiera sé qué significa formalismo
- Eso no lo sabe nadie

En otro momento se menciona que <<hoy en día nadie habla en términos de seres humanos>> La frase no puede ser más actual.






Los bomberos mojaban las calles para que las escenas nocturnas se llenasen de reflejos, y los ángulos holandeses, tan criticados en su tiempo, no auguran nada nuevo en esa Viena arruinada tras la guerra, llena de una melancolía intensificada por la cítara de Anton Karas. A pesar del tiempo transcurrido reconozco monumentos, calles y rincones. La noria, mucho más aislada entonces, sigue girando hoy día y se ha convertido en un reclamo turístico.






Conocida como la Wiener Riesenrad, también aparece en otras dos películas: 007 Alta tensión (The Living Daylights, 1987) y en Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995). Fue construida en 1897 para celebrar el quincuagésimo aniversario del reinado de Francisco José de Austria y el diseño corrió a cargo de los ingleses Walter Bassett y Harry Hitchins, lo que explica que su altura sea de 61 metros, 200 pies exactos. (Wikipedia).

Originalmente, contaba con 30 góndolas rectangulares, pero debido a los daños ocasionados durante la Segunda Guerra Mundial, sólo sobrevivió el esqueleto de metal. Cuando se reconstruyó en 1947, únicamente se recolocaron 15 de estas cabinas siendo todas ellas de números pares.





Se mueve despacio, y tarda un cuarto de hora en dar la vuelta completa. Desde allí arriba hay bonitas vistas del parque, de las otras atracciones y del resto de Viena. En la cinta se menciona el valor de cada uno de los puntitos que se mueven allá abajo, 20.000 dólares de la postguerra. Es entonces cuando se produce el error histórico de insinuar que los suizos inventaron el reloj de cuco cuando en realidad fueron los alemanes de la Selva Negra.






La película nos muestra, a mi entender, un equivocado concepto del amor y la amistad; aunque si bien el primero no puede tomarse y soltarse a voluntad, la segunda depende más de nuestra disposición.

Curiosamente, las escenas rodadas dentro de la góndola en cuestión se hicieron en un estudio en Londres, y no en Viena. La del gato, en cambio, que no estaba planificada, sucedió por azar y funciona de maravilla. Afortunadamente, Carol Reed siguió grabando. El asunto de la penicilina adulterada está, no obstante, basado en hechos reales. En este vídeo, en inglés y con varios spoilers, se cuentan estas y muchas otras anécdotas: #LoveFilmNoir.






Hacía como quince años que no la veía, pero considero justo mantener el diez que le puse en Filmaffinity en su momento. En cuanto al libro, que ya leí un par de veces, no me va a quedar más remedio que volver a echarle otro vistazo. Graham Green bien lo merece.

domingo, 8 de febrero de 2026

Castillo de Berzé

Entre abadía y abadía, castillo. Así discurrió nuestro viaje a Borgoña en mayo de 2024. Aunque el día amaneció muy soleado, se fue cubriendo de nubes sin que nos diéramos cuenta, pero no llovería hasta que estuviésemos cenando a buen recaudo.






Se trata de un castillo medieval que data del siglo X con modificaciones posteriores, y que se encuentra en la comuna Berzé-le-Châlet. Está calificado como monumento histórico desde 1983.






Comenzó siendo un primitivo torreón de madera junto a una capilla carolingia de piedra, situado sobre un espolón rocoso militarmente estratégico desde la Edad Media. Domina el valle de la Petite-Grosne y su función era la de proteger la cercana abadía de Cluny.






Un préstamo de Étienne de Berzé, futuro abad de Cluny, permitió transformarlo en una fortaleza en el siglo XIII, con tres murallas defensivas que delimitan un recinto poligonal en el que no faltan pasarelas, atalayas, aspilleras y matacanes.






De las catorce torres originales, sobreviven trece junto a dos torreones del homenaje y dos puentes levadizos. Berzé se convirtió así en la fortaleza militar más grande del sur de Borgoña.






Después de la Guerra de la Liga, guerras de religión entre católicos y protestantes, el castillo fue abandonado durante dos años, convirtiéndose sus tierras en pastizales durante la Revolución Francesa. Pasó por varias manos, y sus sucesivos propietarios lo fueron adaptando a los nuevos tiempos, construyendo terrazas y huertos al tiempo que se ampliaban las ventanas. En 1873, el castillo es legado por Antonin Gérentet a su yerno, Gabriel de Thy de Milly, cuyos descendientes son los propietarios actuales.






No se puede visitar el interior, pero los jardines y el paseo junto a la muralla merecen mucho la pena. Como curiosidad, aparece en la película El último duelo (2021), representando la Fortaleza de Carrougues.






El jardín francés fue diseñado en 1911 por el conde de Saint Victor, y lo hallamos nada más pasar la puerta, que data de 1420 y es una de las mejor preservadas de Europa. Su fachada, modificada en el siglo XV, está adornada por los escudos de armas de Philipotte de Borgoña (derecha) y Antoine de Rochebaron (izquierda).