viernes, 18 de octubre de 2019

India XX - Mandawa

Ya vimos el fuerte de Mandawa, convertido en hotel, en esta otra entrada. Hoy nos damos una vuelta por la población, pero antes os muestro algunas de las fotos que tomamos por el camino. Los atascos no eran frecuentes, pero tampoco se podía correr mucho. Como podéis ver, los medios de transporte son de lo más variopinto.








El viaje desde Delhi dura más de cinco horas, pero no te aburres ni un minuto.

Sin tiempo apenas para registrarnos en el hotel y dejar las maletas, nos acompañan a dar una vuelta por Mandawa, un pueblo de poco más de veinte mil habitantes. Os recomiendo que contratéis guías locales, no tanto por lo que os puedan explicar, que también, sino porque ahorraréis tiempo y molestias. Si os ven solos os darán mucho la lata.

Mandawa fue fundada por Thakur Naval Singh, un descendiente de Rao Shekhaji, que a su vez pertenecía a la familia real de Jaipur. Surgió como un lugar de comercio y de reposo para las antiguas caravanas de la ruta de la seda, que atraían a un gran número de comerciantes que terminaron por establecerse en ella.






Cuando el tráfico de caravanas llegó a su fin en los últimos años del siglo XVIII, los comerciantes se marcharon a otros lugares, pero decidieron construir con sus ganancias lujosas mansiones en su ciudad natal.

Estas mansiones se llaman havelis, y hay unas cuantas que merecen ser visitadas. La gente sigue haciendo su vida, ignorando a los visitantes mientras fotografiamos los frescos.



Subimos a las azoteas para contemplar la puesta de sol.




Los frescos son obra de artistas locales, empeñados en restaurarlos para devolver a esta ciudad su antiguo esplendor y para atraer un turismo creciente. Nosotros fuimos en noviembre de 2011, y estábamos prácticamente solos, lo que le dio cierto aire de autenticidad a la visita.









Los coloridos frescos tienen escenas de todo tipo, con animales, plantas y personas. Algunas son religiosas, mientras que otras son explícitamente sexuales. Muchas son de influencia europea, pero también encontramos costumbres locales. En la penúltima foto vemos cómo las dos cabezas de los animales se fusionan, mientras que en la última aparece un aeroplano.




Cansados, pero felices por haber visto algo nuevo para nosotros, llegamos al hotel en busca del merecido descanso.