Que en realidad son ocho… Lo que ocurre es que el número doce les gustó más a los que pensaban en atraer el turismo; los mismos que cambiaron el antiguo nombre del lugar, Sow and Piglets (la Cerda y los Lechones en español), por el de la referencia bíblica. Un noveno Apóstol cayó en 2005.
La Cerda era la isla Muttonbird, mientras que los Lechones eran las formaciones de piedra más pequeñas. Porque eso es lo que son, agujas de piedra caliza formadas por la erosión, que se va comiendo la roca más blanda a un ritmo de dos centímetros al año (Wikipedia).
Puede que este lugar pille a más de uno por sorpresa, pero es uno de los iconos de Australia, y cualquiera que se haya interesado un poco por esta parte del inmenso país, lo conoce, aunque solo sea por haberlo visto en alguna postal.
Estamos en el Parque Nacional de Port Campbell, en una zona de costa al oeste de Melbourne que se conoce como la Great Ocean Road, y el paisaje es simplemente espectacular. Más si cabe en un día soleado en el que el color amarillo de las rocas combina a las mil maravillas con el azul del mar y del cielo.
Hay gente, pero el lugar es tan grande que apenas lo notamos. La mayoría aparecen en grupos organizados que se marchan con la misma rapidez con la que llegan. Nosotros nos lo tomamos con calma y vamos de mirador en mirador, repitiendo fotos porque todas nos parecen diferentes.
Hay quien intenta sacar todos los pináculos en la misma foto, pero no es posible, al menos desde tierra, ya que algunos quedan ocultos tras los numerosos cabos, cuando no se tapan unos a otros. Hace miles de años, estaban unido al continente, pero el mar va formando cuevas que se convierten en arcos que luego colapsan, dejando estas grandes columnas que pueden medir hasta 50 metros de altura.
Dedicamos dos días a esta parte de la costa australiana, pero nos supo a poco, ya que el sitio da mucho de sí. Ojalá hubiésemos tenido más tiempo para caminar y para bajar a más playas. La vista de los acantilados es increíble, mientras que la temperatura del Océano Antártico es más suave de lo que cabría esperar.




















































