Una de las visitas que más me gustaron en Nápoles fue ésta que os traigo hoy. Acababa de salir de la Capilla de Sansevero, sin rumbo fijo, pero con una lista mental de los lugares que me faltaban por ver, y la basílica de Santa Chiara estaba muy cerca. Otro día os hablaré de la iglesia en sí, porque hoy nos centramos en uno de los cuatro claustros. Pensé que se podían ver dos, pero me dijeron que solo éste era visitable. No me quedé muy convencido…
El Claustro de azulejos de Santa Clara ha sufrido varias transformaciones a lo largo de los años desde que la reina María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos de Borbón, sugiriese a las monjas modernizarlo. El proyecto fue encargado al arquitecto napolitano Domenico Antonio Vaccaro, quien deseando conservar la estructura perimetral del siglo XIV, transformó por completo el área central, creando un jardín barroco con una extraordinaria decoración de azulejos que todavía hoy es posible admirar.
Esa área central está dividida en cuatro sectores por dos avenidas que se cruzan y que están, a su vez, flanqueadas por sesenta y cuatro pilares revestidos de azulejos decorados con guirnaldas vegetales compuestas de hojas, flores y frutas.
Los pilares, que terminan en la parte superior con capiteles de piperno (un tipo de roca volcánica muy característica de la zona de Campania), están conectados entre sí por asientos completamente revestidos de azulejos, en cuyos respaldos se representan escenas populares, rurales, marinas y mitológicas. Hay un único respaldo relacionado con la vida en el monasterio; en él se representa a una clarisa alimentando a los gatos presentes en el claustro.
La realización de las mayólicas se debe a la fábrica de los artesanos Donato y Giuseppe Massa, que armonizaron su policromía con todos los elementos arquitectónicos y naturales circundantes. Esta relación se nota principalmente en los cuadros más grandes del claustro, donde el amarillo, el naranja y el azul encuentran su referencia directa en el rico huerto de cítricos y en la vid sobre pérgola sostenida por pilares octogonales blancos.
Otro día os hablo de los magníficos frescos que adornan las paredes del claustro. Fuentes: páginas enlazadas y elaboración propia.
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