Esta es la entrada 400 del blog y pensé en hacer algo especial pero no se me ocurre nada mejor que traer animales de ese país que tanto me fascina desde niño. Podría haber sido cualquier otro, porque la Tierra está plagada de sitios fantásticos, y aunque me ha quedado muy larga, he preferido dejarla como está.
Acabábamos de visitar el Maits Rainforest y todavía estábamos sorprendidos por el tamaño de los árboles y los helechos en esta parte del mundo, tan alejada de nuestra vieja Europa. De hecho, la carretera, por lo demás vacía, continuaba flanqueada por arboles altísimos mientras nos dirigíamos hacia el Cabo Otway.
Para los despistados, estamos en el sur de Australia, muy cerca del estrecho de Bass, en noviembre de 2017, y hoy toca ver koalas. Tendemos a pensar que estos animales, al igual que los canguros están por todas partes, pero lo cierto es que abundan más en unas zonas que otras.
Estamos de suerte, ya que por aquí son fáciles de encontrar. Varios coches aparcados en un arcén inexistente nos indican dónde detenernos.
Son varios los koalas (Phascolarctos cinereus) que encontramos dormitando en las ramas de los árboles. Están muy quietos, y podemos fotografiarlos a placer. Miden entre 60 y 85 cm, y pesan entre 4 y 15 Kg, lo que los convierte en uno de los mayores marsupiales arborícolas.
Algunos están más lejos y hay que buscarlos con cuidado entre las ramas.
Les encantan los eucaliptos, aunque en ocasiones se los ve en otro tipo de árboles, y llevan una vida muy sedentaria. Su dieta, basada en apenas una treintena de las más de seiscientas especies de eucaliptos, es muy pobre en nutrientes, así que pasan unas veinte horas dormitando al día.
Como en los demás marsupiales, sus crías nacen sin estar desarrolladas por completo y de inmediato se suben al marsupio de sus madres, donde permanecen durante sus primeros seis o siete meses de vida; los jóvenes se destetan por completo cuando tienen un año de edad (Wikipedia tiene un artículo excelente).
Cazado por los colonos en el pasado por su piel es ahora uno de los símbolos de Australia, y su mayor amenaza ha pasado a ser la destrucción de su hábitat. Los aborígenes lo llaman de muchas formas diferentes, algunas de la cuales significan <<no bebe>>. El agua les llega fundamentalmente gracias a las hojas que comen, por lo que, efectivamente, apenas tienen que beber.
Durante el Mioceno, el continente australiano comenzó a secarse, provocando el declive de las selvas, que fueron sustituidas por los bosques de eucaliptos, motivando la alta especialización de este tipo de animales.
Existen tres subespecies que se diferencian por el color de su pelaje, su tamaño y por la forma del cráneo. El de Vitoria, que es el que aparece en las fotos, es el de mayor tamaño.
El cabo, que toma su nombre del capitán William Albany Otway, se encuentra muy al sur de la Australia continental, en lo que hoy es un Parque Nacional. Allí encontramos un faro que fue construido en 1846, con piedra extraída en el río Parker (Wikipedia). En su momento era el segundo en estar operativo, mientras que hoy ostenta el honor de ser el más antiguo.
Una estación de telégrafo fue añadida cuando Tasmania quedó conectada con el continente por una línea telegráfica submarina desde el cabo Otway a Launceston en 1859.
Se puede subir a lo alto del faro, pero había tanta niebla en la costa que apenas pudimos ver nada.
Ocho barcos naufragaron en la costa del cabo Otway: el Marie (1851), Sacramento (1853), Schomberg (1856), Loch Ard (1878), Joseph H. Scammell (mayo 1891), Fiji (septiembre 1891) y el Casino en 1932. El primer barco estadounidense hundido durante la Segunda Guerra Mundial, el SS City of Rayville, cayó víctima de una mina alemana. Después de esto, los estadounidenses construyeron un búnker de radar en el cabo en 1942, que ahora está abierto al público.
Aprovechamos para comer algo rápido en un café muy agradable junto al que se exponen algunas pinturas sobre barcos, antes de retomar nuestro camino por la Great Ocean Road.
Regresamos a la carretera principal desandando el camino, así que volvimos a encontrar a los koalas. Mi amiga me preguntó si nos parábamos, pero le dije que no; habría supuesto una hora y unas trescientas fotos más. Mejor ver otras cosas.




























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