domingo, 22 de marzo de 2026

La tumba de Tutankamón I

Ha pasado algo más de un siglo desde que Howard Carter, un inglés algo enfermizo, llegase a Egipto de la mano de su padre en 1890 como dibujante en las excavaciones y desde que, especialmente, descubriera la tumba más famosa, la KV62 en el valle de los Reyes. Este libro, que he leído por segunda vez, nos lo cuenta con todo detalle y es muy recomendable a pesar de que en esta nueva edición, con mejor papel y tipografía, se hayan dejado multitud de acentos en el tintero.




Hubo un tiempo en el que Tutankamón llamó más la atención del público en general que de los eruditos, y es sorprendente la poca información que había (y hay) sobre este faraón. Su propia tumba ha aportado poco hasta la fecha a pesar de contener más de 5.500 objetos que Carter inventarió con su minuciosidad habitual. Documentales y libros se basan más en la historia del descubrimiento que en el contenido de la propia tumba. Son muchas las incógnitas, las teorías y las contradicciones, pero poco a poco se va haciendo la luz.

Otro personaje muy importante relacionado con esta historia, que fallecería muy poco después del hallazgo y cuyo castillo, Highclere Castle, aparece en la serie televisiva Downton Abbey, fue lord Carnarvon (1866-1923) mecenas de Carter. Carnarvon llegó a Egipto a instancias de su médico tras un accidente de coche en Alemania, en busca de un clima menos húmedo que el británico donde pasar los inviernos.

Theodore Davis era el dueño de las licencias de excavación en el valle de los Reyes, pero tras realizar varios descubrimientos, pensó en 1913 que el valle estaba agotado. Tremendo error, como se demostraría años más tarde. La Primera Guerra Mundial retrasaría las excavaciones y durante muchos años no hubo grandes resultados. Después de seis temporadas infructuosas, lord Carnarvon, que se había hecho con los derechos, decide dejar de financiar a Carter. No obstante, éste le ruega que sigan durante una temporada más, y es así como el 4 de noviembre de 1922 se descubre un escalón, un corte en la roca, que terminaría llevando a la famosa tumba. La leyenda habla de un niño aguador, y así te lo cuentan en Egipto, pero según varios documentales que he visionado esa historia no es del todo cierta. En el libro, Carter tampoco lo aclara, y sólo sabemos que no fue el británico puesto que le informaron del hallazgo. Parece que los verdaderos descubridores de ese escalón fueron el padre y un tío del niño, que seguían las instrucciones de Carter.





Al descender por los dieciséis escalones se alcanza una primera puerta que, si bien tenía los sellos intactos, mostraba indicios de haber sido restaurada. La tumba, pues, no estaba completamente intacta, aunque lo cierto es que los ladrones tan solo pudieron llevarse una cantidad ínfima de pequeños objetos.




Carter envía un telegrama a lord Carnarvon, que está en Inglaterra y espera durante tres largas semanas la llegada de éste junto a su hija, Evelyn Beauchamp. El explorador se pregunta si está frente a una tumba prácticamente intacta o si será una de tantas que quedaron inacabadas y estaban vacías.






Una vez están los tres, descubren un corredor colmatado de arena, grava y objetos de diversas procedencias que les hacen preguntarse si se trata de uno de esos almacenes en los que los sacerdotes guardaban las momias tras el pillaje. Hay constancia de que la tumba fue saqueada al menos en dos ocasiones, muy probablemente poco después de la muerte del faraón. Los guardianes sellaron de nuevo las puertas y recolocaron de forma desordenada multitud de objetos porque quizás pillaron con las manos en la masa a los ladrones. Un pañuelo con joyas quedó abandonado en el suelo.

En cualquier caso, se abren paso hasta encontrar una segunda puerta también sellada. Es entonces cuando Howard Carter hace un pequeño agujero en la esquina superior izquierda, introduce una lámpara y se maravilla ante el fulgor dorado de una miríada de objetos. Todavía no está claro si han descubierto una tumba, pero siguen avanzando. Una tercera puerta, situada entre dos estatuas gigantes promete más emociones, pero primero hay que fotografiar los objetos de la antecámara, retirarlos uno a uno con extremo cuidado y analizarlos, lo que llevará años de trabajo. De hecho, no abren el primer ataúd hasta octubre de 2025, después de que lord Carnarvon hubiese fallecido.





Descubren, sin embargo, un hueco que los vigilantes no llegaron a cerrar bajo una de las camas. Tras él se encuentra otra cámara, el anexo, que está repleta de más objetos desordenados.




En la actualidad, la tumba está sujeta a comprar una entrada especial, permitiéndose el acceso a grupos reducidos a la vez con el objetivo de preservarla. El anexo solo puede atisbarse desde la antecámara y está vacío, mientras que tampoco hay acceso a la sala del tesoro. La cámara funeraria, que es muy pequeña solo puede verse desde una barandilla junto a la cual está la momia de Tutankamón. Se permite entrar a muy pocas personas a la vez y es muy probable que terminen por cerrarla del todo ya que en 2014 construyeron una réplica exacta situada junto a la antigua casa de Howard Carter, a la entrada del Valle. La empresa responsable de este proyecto, Factum Arte, es madrileña.

Ya antes de empezar con esta entrada era consciente de su dificultad, por lo que seguiremos otro día con la tumba propiamente dicha.

Vídeos que me han gustado (hay muchos más, como uno de Esther Pons Mellado y otro de Mari Luz Mangado que no encuentro):

Crónica de una leyenda. Tutankamón y su tiempo – Antonio Pérez Largacha

Carter y Carnarvon. Un destino, un sueño, el despertar del joven faraón – Isabel Olbés

La tumba de Tutankhamón. El lugar del renacimiento del rey – Maite Mascort

La tumba KV 62 del Valle de los Reyes. Tutankamón – Nacho Ares

Pirámides de Egipto, Necrópolis Reales de Tebas y Tumba de Tutankamon, por Eva Tobalina

No hay comentarios:

Publicar un comentario