domingo, 22 de febrero de 2026

La noria de Viena

Uno de los atractivos de visitar la capital austriaca es acercarse al Prater, un parque de atracciones rodeado de zonas verdes. Aunque el día no acompañe demasiado, los recuerdos me empujan a recorrer esta parte de la ciudad.




Los cinéfilos saben el motivo: subir a la famosa noria que aparece en la película de Carol Reed, El tercer hombre (The Third Man, 1949) y sentirse como ese mediocre escritor de novelas del Oeste imaginado por Graham Greene, que intenta desentrañar lo ocurrido con su amigo Harry Lime, víctima de un accidente. No voy a hacer spoilers, pero la cinta tiene uno de mis finales favoritos y no me canso de verla. Un final distinto al que inicialmente imaginó el escritor. Dura 62 segundos, apenas un minuto, pero se hace eterno y se volvió inmortal.






Cuando la policía acude al apartamento de Anna Schmidt, la amante de Lime, brillantemente interpretada por Alida Valli, se produce el siguiente diálogo:
- ¿A dónde me llevan?
- A la jefatura de la policía internacional. No se preocupe, señorita, es solo un mero formalismo
- Ni siquiera sé qué significa formalismo
- Eso no lo sabe nadie

En otro momento se menciona que <<hoy en día nadie habla en términos de seres humanos>> La frase no puede ser más actual.






Los bomberos mojaban las calles para que las escenas nocturnas se llenasen de reflejos, y los ángulos holandeses, tan criticados en su tiempo, no auguran nada nuevo en esa Viena arruinada tras la guerra, llena de una melancolía intensificada por la cítara de Anton Karas. A pesar del tiempo transcurrido reconozco monumentos, calles y rincones. La noria, mucho más aislada entonces, sigue girando hoy día y se ha convertido en un reclamo turístico.






Conocida como la Wiener Riesenrad, también aparece en otras dos películas: 007 Alta tensión (The Living Daylights, 1987) y en Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995). Fue construida en 1897 para celebrar el quincuagésimo aniversario del reinado de Francisco José de Austria y el diseño corrió a cargo de los ingleses Walter Bassett y Harry Hitchins, lo que explica que su altura sea de 61 metros, 200 pies exactos. (Wikipedia).

Originalmente, contaba con 30 góndolas rectangulares, pero debido a los daños ocasionados durante la Segunda Guerra Mundial, sólo sobrevivió el esqueleto de metal. Cuando se reconstruyó en 1947, únicamente se recolocaron 15 de estas cabinas siendo todas ellas de números pares.





Se mueve despacio, y tarda un cuarto de hora en dar la vuelta completa. Desde allí arriba hay bonitas vistas del parque, de las otras atracciones y del resto de Viena. En la cinta se menciona el valor de cada uno de los puntitos que se mueven allá abajo, 20.000 dólares de la postguerra. Es entonces cuando se produce el error histórico de insinuar que los suizos inventaron el reloj de cuco cuando en realidad fueron los alemanes de la Selva Negra.






La película nos muestra, a mi entender, un equivocado concepto del amor y la amistad; aunque si bien el primero no puede tomarse y soltarse a voluntad, la segunda depende más de nuestra disposición.

Curiosamente, las escenas rodadas dentro de la góndola en cuestión se hicieron en un estudio en Londres, y no en Viena. La del gato, en cambio, que no estaba planificada, sucedió por azar y funciona de maravilla. Afortunadamente, Carol Reed siguió grabando. El asunto de la penicilina adulterada está, no obstante, basado en hechos reales. En este vídeo, en inglés y con varios spoilers, se cuentan estas y muchas otras anécdotas: #LoveFilmNoir.






Hacía como quince años que no la veía, pero considero justo mantener el diez que le puse en Filmaffinity en su momento. En cuanto al libro, que ya leí un par de veces, no me va a quedar más remedio que volver a echarle otro vistazo. Graham Green bien lo merece.

7 comentarios:

  1. Yo hace muchos más años que no la he visto, pero sí recuperé hace poco en Youtube la escena que más me gusta, esa que va a continuación de la del gato, cuando abren enfrente una ventana y la luz ilumina la cara de Orson Welles con una expresión indescriptible.

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  2. La noria del Prater será siempre el recuerdo de El tercer hombre, tan magistral. Hace unos meses hablábamos de ella con Senior, a propósito de las viejas películas de espías, y tuvo a bien subir a mi Casa Virtual la escena que ella y tú mencionáis; ignoraba que la imagen del gato (lamiéndose y todo, entre los pies de Welles) fuera fruto de la casualidad, aunque ello tiene sentido porque no resulta fácil "convencer" a un gato para hacer de extra si no es que el propio gato se cuele en la toma por decisión propia.

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  3. Hola Javier, la verdad es que entro poco por aquí pero hoy mirando desde mi blog, bastante abandonado por cierto, que hablabas de la Noria pensé inmediatamente en esa película. Me ha venido a la cabeza una anécdota de Bette Davis a propósito del director de fotografía Robert Krasker, cuando estaba rodando Eva al desnudo, el director de fotografía era Krasker que ya había ganado el Oscar,en las primeras pruebas de pantalla a ella no le gustó lo que estaba filmado y dijo en voz alta algo así como qué no sabía por qué le habían dado el premio de la Academia a ese señor, y un gracioso gritó desde la oscuridad: Por filmar RUINAS. Dicen que se armó tremendo alboroto pero Davis nunca llegó a saber quién había sido el autor del comentario que obviamente se refería a ella. Bueno ya dejo la perorata. Un abrazo.

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  4. En mi visita a Viena, tuvimos el placer de subirnos en ella para contemplar las vistas.

    Abrazos.

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  5. Senior Citizen, son tantas las cosas que tenemos que revisitar que siempre se nos escapan muchas. Me gustaría verla una vez al año, pero mismo me sucede con otras mil películas... Esa escena que mencionas es una de las mejores, no solo de la película, sino del cine.

    Una mirada, con los gatos ya se sabe que fueron ellos los que amaestraron al hombre y no al revés. Es una escena magistral que cuenta mucho sin emplear palabras pero que adolece de un fallo, el del coche que pasa entre los dos amigos, que está mal rodado.

    Lola, tienes el blog con más telarañas que el castillo de Drácula, ja,ja. Ya podías darle mecha... No conocía la anécdota y me ha encantado. Esas son las cosas que busco en los libros y en los documentales de cine para aprender más sobre mis adoradas películas.

    Conchi, suerte que tuviste. ¿Conoces la película? Te la recomiendo encarecidamente. Seguro que te trae recuerdos de Viena.

    Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.

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  6. En otras palabras, nos referimos a un parque mecánico fijo que se ha concertido en ícono. Una visita obligada

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  7. Alí Reyes, exacto, es una meca para cualquier cinéfilo que se precie.

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