Entre abadía y abadía, castillo. Así discurrió nuestro viaje a Borgoña en mayo de 2024. Aunque el día amaneció muy soleado, se fue cubriendo de nubes sin que nos diéramos cuenta, pero no llovería hasta que estuviésemos cenando a buen recaudo.
Se trata de un castillo medieval que data del siglo X con modificaciones posteriores, y que se encuentra en la comuna Berzé-le-Châlet. Está calificado como monumento histórico desde 1983.
Comenzó siendo un primitivo torreón de madera junto a una capilla carolingia de piedra, situado sobre un espolón rocoso militarmente estratégico desde la Edad Media. Domina el valle de la Petite-Grosne y su función era la de proteger la cercana abadía de Cluny.
Un préstamo de Étienne de Berzé, futuro abad de Cluny, permitió transformarlo en una fortaleza en el siglo XIII, con tres murallas defensivas que delimitan un recinto poligonal en el que no faltan pasarelas, atalayas, aspilleras y matacanes.
De las catorce torres originales, sobreviven trece junto a dos torreones del homenaje y dos puentes levadizos. Berzé se convirtió así en la fortaleza militar más grande del sur de Borgoña.
Después de la Guerra de la Liga, guerras de religión entre católicos y protestantes, el castillo fue abandonado durante dos años, convirtiéndose sus tierras en pastizales durante la Revolución Francesa. Pasó por varias manos, y sus sucesivos propietarios lo fueron adaptando a los nuevos tiempos, construyendo terrazas y huertos al tiempo que se ampliaban las ventanas. En 1873, el castillo es legado por Antonin Gérentet a su yerno, Gabriel de Thy de Milly, cuyos descendientes son los propietarios actuales.
No se puede visitar el interior, pero los jardines y el paseo junto a la muralla merecen mucho la pena. Como curiosidad, aparece en la película El último duelo (2021), representando la Fortaleza de Carrougues.
El jardín francés fue diseñado en 1911 por el conde de Saint Victor, y lo hallamos nada más pasar la puerta, que data de 1420 y es una de las mejor preservadas de Europa. Su fachada, modificada en el siglo XV, está adornada por los escudos de armas de Philipotte de Borgoña (derecha) y Antoine de Rochebaron (izquierda).
Se me ha ido el comentario...
ResponderEliminarDecía que es una construcción imponente a la que los jardines suavizan su antigua función de fortaleza y que, pese a los dos años de abandono, las partes originales no llegaron a estar en ruinas, lo que ayudó a integrarlas en las sucesivas ampliaciones.
Me alegra que hayas regresado al blog y espero verte más por aquí.
Qué lugar más precioso, prontito viajaré a Francia, si le cojo gusto me apuntaré este lugar, esa fortaleza en ese espacio trasmite calma y un lugar en el que detenerse y pasear tranquilamente. Mi abrazotedecisivo
ResponderEliminarMe gustan estas iglesias fortificadas, vengo del blog de Conchi donde habla de otra iglesia fortificada en Broto.
ResponderEliminarBonito reportaje fotográfico el tuyo, como siempre.
Abrazos!
Ha sido un paseo maravilloso, los jardines son una joya, ya me gustaría visitarlo, de momento me conformo con tus fotos y explicaciones.
ResponderEliminarAbrazos.
Una mirada, gracias por la bienvenida. Lo echaba mucho de menos pero es que no me da la vida. Espero seguir al pie del cañón. El castillo debe ser caro de mantener, pero al hacer las veces de vivienda quizás se haya mantenido mejor que otros. Me habría gustado una visita más detallada, sin embargo.
ResponderEliminarSara, Francia entera es una maravilla. Espero que disfrutes mucho del viaje. Seguro que descubres que se necesitan varias vidas para conocerla en profundidad.
Ethan, es un blog que visito con frecuencia porque siempre me descubre sitios nuevos. Las iglesias fortificadas están por toda Europa y siempre es un gusto visitarlas porque nos cuentan mucho de nuestra propia historia.
Conchi, por eso pongo tantas fotos, para que disfrutéis de la visita los que no pueden viajar. Me alegro mucho de que te haya gustado.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.