martes, 28 de octubre de 2025

Kenia 2 – V – Hienas

Pocos animales tienen tan mala prensa como las hienas. Reconozco que pueden ser feas, pero el hecho de que algunas películas de animación las hayan presentado como villanas, tampoco ayuda. En muchos documentales son descritas como ladronas, oportunistas y carroñeras, olvidando que son animales que intentan sobrevivir sin estar sujetos a la ética de las personas. En realidad, son criaturas inteligentes y complejas.




Como cualquier otro animal, las hienas tienen su nicho ecológico y usan sus armas para sobrevivir, cumpliendo además una función vital dentro del ecosistema, ya sea en África o en Asia, los dos únicos continentes en los que habitan hoy día. No son tan fuertes como los leones, ni tan rápidas como los guepardos, pero son muy insistentes, y el trabajo en equipo les ayuda a cazar presas más grandes que ellas mismas. Su fuerza reside en su resistencia.




Se trata de una familia pequeña, en la que tan solo quedan cuatro especies, una insectívora, denominada lobo de tierra y otras tres carnívoras, la manchada, la parda y la rayada. Surgieron por vez primera en Eurasia, en el mioceno, hace unos 22 millones de años.




Todas las fotos de esta entrada corresponden a hienas manchadas o moteadas (Crocuta crocuta) del continente africano, la única especie con la que me he cruzado en estado salvaje, de modo que me centro en ellas.





La hiena manchada o moteada habita al sur del Sáhara, en Madagascar, Sudáfrica y Namibia, aunque está ausente en la cuenca del río Congo, pues prefiere las sabanas y los terrenos abiertos.





Miden entre 1 y 1,5 metros de largo, sin contar una cola que suma otros 20-35 cm. Su altura hasta el hombro está entre los 68 y los 92 cm, y pesan entre 45 y 90 kg. En esta especie, las hembras son las dominantes, y superan en tamaño a los machos.




Sus miembros anteriores son más largos que los posteriores, y tienen cuatro dedos en cada pata. Sus uñas no son retráctiles y no pueden trepar a los árboles. El pelaje es corto.




Su corazón es muy grande, lo que les otorga una gran resistencia, por lo que pueden trotar durante distancias tan largas que terminan agotando a sus presas más jóvenes y débiles. Suelen pues, cazar en grupo y por agotamiento, aunque tampoco hacen ascos a las presas de otras especies como guepardos, leones o leopardos. La vida salvaje es tan dura que nadie desprecia una buena oportunidad cuando ésta se presenta. Pueden correr a 50 km/h durante 3km.




Aunque sus hábitos son principalmente nocturnos, es habitual encontrarlas a cualquier hora del día, especialmente cuando la temperatura es más fresca. Los charcos y el barro les ayudan a regular la temperatura y a librarse de insectos y parásitos.




Tienen unas mandíbulas fortísimas con las que además de la carne, trituran huesos y tendones, llegando a comer incluso las cornamentas. De hecho, sus deposiciones son fáciles de identificar por su color blanquecino.




Aunque se produce un pico de nacimientos en la época de las lluvias, tienen descendencia en cualquier época del año. Desde el principio, su vida no será fácil, ya que hasta una cuarta parte perecerán a manos de sus hermanos y otros depredadores en el primer mes. Se refugian en agujeros naturales y viven en grupos liderados por una hembra en una sociedad matriarcal. Algunos clanes acogen hasta 80 individuos. La complejidad de sus relaciones motiva que usen aullidos, gruñidos y risas para comunicarse, ya que la posición en el escalafón es vital para su supervivencia.




Son amamantadas durante 18 meses y no empiezan a cazar hasta los cuatro años. Cada individuo tiene sus propias manchas distintivas y pueden recordar las interacciones sociales, creando alianzas.






He sacado buena parte de la información de la Wikipedia, donde podéis aprender más sobre ellas. Confío en que esta entrada os ayude a conocerlas mejor y sirva para mejorar su injusta mala imagen, porque como sucede con muchos otros animales salvajes, su hábitat está amenazado por una población humana en constante crecimiento y expansión. Si no las protegemos, terminarán por desaparecer.

martes, 14 de octubre de 2025

Costa Rica XVII - Visita a un cafetal en Monteverde

Costa Rica es un país pequeño, pero goza de una biodiversidad excepcional, así como de varios ecosistemas que conviven en esa estrecha franja entre el Pacífico y el Atlántico. La cordillera volcánica central no solo divide el país en dos, sino que nos permite alcanzar altitudes elevadas a pocos kilómetros de la costa.

Estaba en el cantón de Monteverde, una zona natural excepcional, el reino del bosque nuboso y el paraíso de los que practican la tirolina. Las entradas que hice de Selvatura pertenecen a esta región, y hoy nos toca hacer una excursión a un cafetal.





El cafeto, la planta del café, requiere de ciertas condiciones para prosperar, y Costa Rica las cumple todas. Los trópicos, la temperatura (entre 15 y 24 grados), la altitud (entre 800 y 1800 msnm), la pluviosidad (entre 1.700 y 2.500 litros por m2 anuales) y los suelos (húmedos, permeables y ricos en nutrientes), así como un ambiente en el que el sol no castiga en exceso. Todo ello favorece el crecimiento de esta planta tan extendida a nivel mundial.




Nada más llegar nos encasquetaron un cesto y nos mandaron a recolectar a mano las bayas, también llamadas cerezas. Como veis, iba bien abrigado. Las bayas se vuelven rojas cuando maduran y se pueden recoger a mano o por medios mecánicos. La primera forma es más lenta, cara y precisa.






Aquí se apuesta más por la calidad que por la cantidad. La mayoría del grano proviene de la variedad arábica, mi preferida, y el café costarricense es excepcional. Lo normal es obtener una cosecha al año. El siguiente paso es el del beneficiado, del que existen dos métodos, combinados entre sí, dan lugar a otros híbridos, pero la idea es despulpar la cereza, obteniendo el grano de café verde.





Llegados aquí hay que secar el grano, bien por medios mecánicos o de forma natural, dejándolo reposar para trillarlo y descascarillarlo después.




Los granos se exponen al sol durante el tiempo necesario para reducir su grado de humedad al 10-12%, ya que del campo vienen con un 75%. Llegado a este punto, la cáscara es más quebradiza y ha adquirido un tono marrón oscuro. Es importante remover de forma constante para que todas las cerezas reciban el calor del sol y el secado sea uniforme. Por las noches, y en caso de lluvias, se cubren para protegerlas.




Ya solo falta descascarillar los granos, seleccionarlos según su tamaño y densidad y envasarlos, generalmente en sacos de yute, para su exportación. En destino, el café será tostado. Este proceso se hace a una temperatura de unos 200ºC, provocando que el grano pierda la humedad (pérdida de peso 16-18%), aumente el volumen, cambie de color y se desprendan compuestos aromáticos volátiles. El enfriamiento debe ser rápido y a ser posible al igual que el tueste por aireación, con lo cual se garantiza un tueste uniforme. Hay diferentes métodos de tueste, el natural, o el torrefacto. Al primero no se le añade nada, mientras que el torrefacto lleva azúcares que caramelizan y envuelven al grano. Se obtienen unos granos brillantes, de color más oscuro, casi negro y un café más fuerte de sabor. España y Portugal son los países de consumo casi exclusivo de este tipo de café.




Esta página me ha ayudado mucho a comprender las etapas del proceso que ya no recordaba bien. No en vano, han pasado más de diez años. En esa misma excursión vimos el tratamiento que reciben las semillas de cacao, pero eso lo dejamos para otra entrada.